Maldad moderna

Harriet, Elizabeth Jenkins

Editorial Alba, colección Rara Avis

El otoño es la época ideal para los libros un poco misteriosos. Esos con mansiones victorianas, asesinatos y hasta algún fantasma. En esta historia hay un poco de todo eso: se desarrolla al final del siglo XIX, hay asesinatos…pero no es una ficción gótica para leer al lado de la chimenea, no es un divertimento. Este relato hiela la sangre porque es un caso real.

El libro reconstruye un caso policial, el llamado “misterio de Penge”, que estremeció a la sociedad inglesa de la época, esa que llevó a cabo y se vio sacudida en sus cimientos por la Revolución Industrial. La historia no era nueva, ni original: un petimetre, guapo y sin un céntimo, conoce a una mujer mentalmente débil (“tontita”, la califica su madre) pero muy rica, con la que se casa para apropiarse de su dinero. Hasta ahí, nada inquietante.

Lo inquietante es el procedimiento para librarse de la pobre Harriet. Porque no se trama un asesinato y la posterior coartada para deshacerse del cadáver. Eso habría supuesto que se consideraba a la víctima como un ser humano: lo moderno, la maldad más allá de la maldad de acabar con una vida es que Harriet ni siquiera es una persona para sus asesinos. No se le concede ni la piedad de una muerte rápida, se arrincona como un mueble inútil hasta que pierde la conciencia de sí misma, lo poco que la relaciona y la incluye en el entorno de las personas “normales” . Nadie es consciente de estar cometiendo un delito, ni siquiera de la tremenda crueldad de sus actos…el dinero está ahí y ellos se lo merecen, son jóvenes y guapos. Harriet no lo es.

Moderno también es el desenlace judicial que finalmente tuvo el caso. A partir de el misterio de Penge se regularon las apelaciones y se reformaron los procedimientos en la justicia inglesa.

Elizabeth Jenkins y su marido

Elizabeth Jenkins lo narra todo con un estilo aparentemente sencillo, casi de crónica. Hay que prestar atención a los pequeños detalles para ir descubriendo la ambición del marido de Harriet, aspirante a todo y sin méritos propios, deseando ocupar un lugar en esa sociedad burguesa acomodada de la Inglaterra victoriana..la pasión devastadora de su amante y cuñada…

A nosotros nos ha llamado la atención un hecho que se desliza en la narración casi de forma inadvertida: la importancia de la ropa en toda la trama. Harriet asume su vida, es una mujer independiente a través de la elección y el cuidado de su vestuario. Es decir, es el cuidado de su aspecto lo que la integra en la sociedad. Es su vestuario lo que despierta los celos de la amante de su marido. La escena en la que la bella y joven Elizabeth desmonta pieza a pieza un vestido de Harriet “azul como el ala de un arrendajo” para adaptarlo a su esbelta figura adquiere así un significado siniestro.

Un dos piezas en terciopelo azul profundo.

Nuestra versión del vestido azul es de neopreno con relieve marino y negro. Se llama Titania .

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